martes, 3 de octubre de 2006

Mucha de su sangre derramada, mucho sufrimiento padecido, llevaban los carlistas en lucha contra el laicismo, para cuando Pío XI instituyó la festividad de Cristo Rey como "eficaz medicina" contra esa enfermedad de nuestro tiempo. Nada de extraño tiene que los tradicionalistas se sintieran desde el principio identificados con esta fiesta y que, fieles al Magisterio eterno de la Iglesia, procuraran celebrarla, año tras año, de la manera más pública y universal que en su mano estuvo.


Hoy, todos los poderes de este mundo parecen confabularse para que se confine el gobierno de Jesucristo al fuero de la conciencia, y dejar todo lo demás bajo la tiranía del Maligno. Y con tan buena maña lo hacen que, incluso muchos católicos, se sienten ajenos y como avergonzados ante cualquier manifestación pública del sometimiento que a Nuestro Señor debe toda sociedad y autoridad, empezando por eso que llaman Estado.


No podemos hacer que las calles y plazas se engalanen, que se celebren misas y procesiones bajo el tañido de las campanas, en honor de Aquél que, mal que pese, rige los destinos de nuestra Patria y del universo. Por eso, para celebrar lo más dignamente que nos es dado ese fausto día, cuya significación condensa los anhelos y desvelos de nuestra causa, os convocamos una vez más a la cena de Cristo Rey. No olvidemos que no está obligado a más el que hace lo que puede, pero que eso, ¡eso hay que hacerlo!

José Miguel Gambra

Presidente del Círculo Cultural Antonio Molle Lazo