miércoles, 26 de enero de 2005

Contra la Europa constitutivamente laica, las viejas naciones cristianas


Acto público en Madrid
HOTEL COLÓN, SÁBADO 29 DE ENERO, 7 TARDE

Hotel Colón: C/. Pez Volador 1, esquina Dr. Esquerdo 119
Autobuses: 30, 56, 143
Metro: Sáinz de Baranda (líneas 6 y 9)

Comunión Tradicionalista
DIOS · PATRIA · FUEROS · REY LEGÍTIMO
Los carlistas

viernes, 21 de enero de 2005

Acto contra la Constitución Europea: Madrid, Hotel Colón, sábado 29 de enero, 19 horas. ¡Vota NO!

Madrid, enero 2005. Declaración de la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón ante la aprobación del Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa:

1. La Comunión Tradicionalista, como cuerpo político que encarna la legitimidad histórica de los pueblos hispánicos, representa la continuidad del régimen de Cristiandad que la modernidad europea subvirtió y por la que, más que aislarse, España fue aislada.

2. En tal sentido, el pensamiento tradicional –que nunca ha caído en el “nacionalismo”– representa la resistencia frente a una “europeización” que entre nosotros siempre ha sido sobre todo “secularización” y que ha propiciado en los hechos la aceleración de la descristianización.

3. La llamada “construcción europea”, iniciada en la segunda posguerra del siglo XX, ha encontrado el método en el federalismo funcionalista y el fundamento en el laicismo economicista. Ambos se conjugan en el panorama político “postestatal”, caracterizado –entre signos contradictorios, pues tal es el sino de las situaciones de crisis– por la desnacionalización y la tecnocracia.

4. El Estado-nación moderno, pese a sus orígenes históricos y doctrinales, al presentar una base moral más sólida que la delicuescencia europeísta ha terminado por ser el paciente de la globalización actual. Y es que una “ciudadanía” de matriz economicista y concebida en términos de puro “patriotismo constitucional” se aviene más fácilmente con una “construcción” (como la europea) que con una “nación” (aun la revolucionaria).

5. La tecnocracia de las instituciones europeas, quizá pueda tener una componente de “buen gobierno” y en todo caso evidencia la impostura del morboso democratismo totalitario. Pero no deja de participar igualmente del proceso de alejamiento de la participación ciudadana que la democracia moderna aliena pero no anula, y de la que la tecnoburocracia europea, de hecho una forma de criptocracia, no hace sino separarse más, pese a la insincera acogida de un principio de subsidiariedad desnaturalizado y administrativizado.

6. La laicidad y el laicismo, que no son sino dos versiones de una misma ideología, están inscritos igualmente en el corazón de la “construcción europea”. Como previamente lo estuvieron en la “constitución” de los Estados modernos, a partir de las revoluciones liberales de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Pero las viejas naciones “nacieron” cristianas, de modo que la revolución hubo de aplicarse a cancelar su filiación dejándolas huérfanas. La nueva Europa, en cambio, nace ya expósita.

7. Además, la Iglesia, que hasta fechas recientes opuso al constitucionalismo la res publica christiana, parece en cambio contentarse ahora (en una mutación ya experimentada en las constituciones nacionales de los últimos decenios) con el recuerdo de las “raíces cristianas” (cuando no simplemente religiosas) o de la “herencia cristiana” (con el inconsciente reconocimiento de la muerte de sus principios, pues no hay herencia sin causante). De facto, pues, su lenguaje y su acción se han alineado con los de las democracias-cristianas: tal ocurrió en la Italia de la segunda posguerra mundial y, ya en otras coordenadas, en la España de finales de los setenta y principios de los ochenta: en ambas el (sedicente) “partido de los católicos” fue el encargado de pilotar el proceso de descristianización. También en el ámbito de la Unión Europea la democracia-cristiana ha jugado un semejante papel.

8. Este laicismo institucional (propio de la fase fuerte de la modernidad) ya sólo se combate por la Iglesia de modo incoherente y parcial y está reforzado por el efecto irradiante de los derechos humanos y, en particular, de la libertad de conciencia y religión (característicos de la fase débil o disolutoria de la modernidad). Cierto es que tal proceso no es exclusivo de las organizaciones europeas, pero no lo es menos que, por lo dicho, se presenta en ellas de forma más nítida. En nuestro caso, al distanciarse más de la situación de unidad católica de que hasta hace poco disfrutábamos, no puede sino agravarse el diagnóstico. Máxime cuando la “cuestión turca”, se despeja, sí, pero en sentido amenazante, y sin que se vean las razones por las que esa eventual solución no debiera extenderse a Marruecos u otros países mahometanos del Mediterráneo.

9. Junto a lo anterior, que se desenvuelve en un terreno entre lo doctrinal y lo prudencial, no dejan de aparecen aspectos que de lo prudencial llegan a lo técnico, y que también aconsejan un juicio negativo sobre el Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa. Así, en primer lugar, la sustitución del precedente de Niza, que diseñaba un cuadro más favorable para España. O, en segundo término, la misma naturaleza jurídica de Tratado internacional aprobado a partir de una Convención, donde –desde la propia ortodoxia constitucionalista– por ninguna parte aparece el poder constituyente, sino que se reconocen los rasgos de las cartas otorgadas: broma de la historia la de volver a marchar por la senda constitucional con una carta otorgada. También, y es la tercera de las observaciones, la ausencia de una identidad suficientemente homogénea y solidaria que conjugue los evidentes intereses comunes con lo no menos notorios divergentes, sea en política exterior (¿atlantismo inglés, diferencia francesa o vía alemana?), económica (¿estabilidad o flexibilidad?) o de cohesión (¿hasta dónde y quiénes pagan y cobran?). Todo ello en un texto –cuarto– que, si bien ordena el corpus informe de los Tratados constitutivos y sus innúmeras reformas, resulta profuso y reglamentista en grado sumo.

10. Todavía en el dominio de lo técnico, en la actual coyuntura española, sería posible que la ratificación del Tratado constitucional condujera a una reforma de la vigente Constitución de 1978, para mejor adaptarla a aquél, que se aprovecharía para acometer otra que eventualmente afectaría a la organización territorial y que propugnan sobre todo quienes desean no tanto la voladura de un aparato estatal como la de España. Estaría, pues, llegando a término la profecía de Menéndez Pelayo sobre la suerte de la unidad nacional como dependiente de la católica.

Por todas estas razones, la Comunión Tradicionalista recomienda el voto negativo en el referéndum convocado para el próximo día 20 de febrero.

viernes, 14 de enero de 2005

¡Examínese para el referéndum del 20-F, coñe!


Los conflictos con el N.O. del padre Uropa, S.I.


Si va a votar en el referéndum de la Constitución Europea el próximo 20 de febrero, no debe dejar de pasar por el confesionario para que le examine de catequesis europea el Padre Uropa, S.I.

¿Sois europeo?
Sí, por la gracia de Dios.
(Cachete.)


A Dios en Europa no se le nombra. ¿Sois europeo?
Sí, por desgracia.
(Cachete.)


Aquí no hay humor que valga. ¿Sois europeo?
¡Pues va a ser que sí!
(Se proteje, pero esta vez no le cae nada.)


Y ese nombre de europeo, ¿de quién lo hubisteis? De mi nacimiento ejpañó.
(Cachete.)

Menos coñas. Repito: y ese nombre de europeo, ¿de quién lo hubisteis?
De Monsieur Valéry Giscard d’Estaing nuestro señor, por quien todo en Europa ha sido creado, y que antes de que naciese mi abuela –mucho, mucho antes– ya era, se movía y existía.
(Se proteje con mayor protección, codo en ristre... pero tampoco le cae nada.)

No está mal, al menos el bautismo ya te lo has ganado. ¿Crees en la santidad de Robert Schumann?
Por Dios, padre, un poquito de por favor...
(Cachete. Otro cachete, éste con rabia.)


Malditos, siempre dudando de las canonizaciones. ¿Acaso os hemos dado motivo? Y ¿qué me dices de Konrad Adenauer?
Un buen tecnócrata, pero...
(Cachete.)


¿Y Alcide De Gasperi? ¡Al menos reconocerás su ejemplaridad como político católico!
Antes muerto...
(Cachete. Cachetón. Cachetazo.)


¡Que te pego, leche!
Antes muerto ¡ay! que sencillo ¡ay! que sencillo ¡ay! Que duele, padre ¡ay! que sencillo... jobar, que es sólo una canción.

Pero ¿dónde coño crees entonces que están las raíces cristianas de Europa? ¿En Carlomagno? ¿En San Benito? ¿En Dante? ¿En las Cruzadas? ¿En Carlos V? ¿En la doble defensa de Viena? ¡Las raíces cristianas de Europa están en la libre comercialización del carbón y del acero! Ignorante... Payaso... (Lloroso.) Pero padre, si no existen raíces cristianas de Europa, ¡lo dice la Constitución, jopé! ¡Que la última me ha dolido de verdad!

Bueno, acabáramos, no hay raíces cristianas. Para la confirmación ya estás. A ver ¿qué es la Comisión Europea? ¿La comisión? No sé... ¿Lo que cobraba Chirac cuando era alcalde de París?
(Cachete.)


¡Jodido impenitente! Venga, las tres virtudes coloquiales. Las tres virtudes coloquiales son tres: bambicristianismo, bobolapichez y lelomasoquismo.
Vaya, al fin algo que te sabes. Define bambicristianismo.
(Saca una chuleta disimuladamente y lee con voz cantarina como si se lo supiera de memoria.) Bambicristiano es el que se desgañita aplaudiendo al Papa cuando viene a España, pero cuando Giscard abofetea y humilla al Papa negándole una petición tan razonable como que en el preámbulo no dispositivo de la Constitución europea figuren las evidentes e innegables raíces cristianas de Europa... (toma aire)... va y en vez de meterle la Constitución europea por el trasero a Giscard acude corriendo al colegio electoral a votar que sí. (Respira aliviado, tras leer de carrerilla.)


Bien, confieso que comienzas a sorprenderme. Bobolapichez. Bobolapicha es el votante del PP que en vez de votar "no" para que siga vigente el Tratado de Niza que negoció Aznar y cuyo reparto de poder conviene a España, vota "sí" para que entre en vigor la Constitución europea que malnegoció Zapatero y cuyo reparto de poder perjudica a España.

¿Es pecado venial o integral? Integral, padre. De hecho, quien comete este pecado se considera a sí mismo un "bobolapicha" (cuando se mira al espejo), pero todos sus amigos le consideran un "bobolapicha integral".

Bueno, me estás sorprendiendo... ¡Casi que me arrepiento de haberte cascado...! A ver, la última, lelomasoquismo.


Lelomasoquista es el que se levanta, desayuna, come, cena y se acuesta aborreciendo a Zapatero, y a la primera ocasión que se presenta de borrarle la sonrisa de la boca, va y le refuerza en el poder sacándole las castañas del fuego en un plebiscito que podría ser su tumba.
Chico, no creí que nunca pudiera decirte esto, pero... ¡estás aprobado! Ya puedes ir al acto.
¿Acto? ¿Qué acto?
(Cachete.)


¡Cachis los moros! ¿Qué acto va a ser, niñato? El del sábado 29 de enero a las 7 de la tarde, en Madrid, contra la Constitución Europea, organizado por la Comunión Tradicionalista con el lema "Cristiandad o Europa"
Pero ¿dónde, padre? Si no es por no ir, padre Uropa, si no es por no ir... que si hay que ir, se va, Uropa, tío.
(Cachetón, arrebato, fustigamiento. Sale en su persecución. El otro se escapa.)
(Vuelve, refunfuñando por lo bajinis.) So inútil, te vas a reír tú de tu santa madre. Como te pille ese día y a esa hora en el Hotel Colón, te capo.