miércoles, 3 de noviembre de 2004

Cena de Cristo Rey

CENA DE CRISTO REY. CRÓNICA.

Madrid, 31 de octubre.- El Círculo Cultural Antonio Molle Lazo, de Madrid, que lleva el nombre del heroico requeté martirizado en 1936 y en cuyo proceso de beatificación trabajan los carlistas andaluces, ha recuperado la tradición de celebrar la festividad litúrgica de Cristo Rey con una cena de hermandad. Celebración impulsada siempre por carlistas, pues en los años sesenta y setenta el organizador fue Manuel de Santa Cruz, tomando el relevo en los ochenta Miguel Ayuso. Precisamente durante la segunda época acudió a presidirla en una ocasión S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. Ahora es la Comunión Tradicionalista de Madrid la que institucionalmente ha asumido la organización, además en la fecha en que originalmente fue instituida por Pío XI en 1925, esto es, el último domingo de octubre, que evita la confusión que el nuevo calendario litúrgico ha contribuido a afirmar, al situar la fiesta en el último domingo del año litúrgico, de indudable sentido escatológico.

Previa a la cena, se reunió en el mismo hotel la Junta Directiva Nacional de la Comunión Tradicionalista, con asistencia de los delegados regionales, así como el jefe de las Juventudes Tradicionalistas de España, bajo la presidencia del Jefe de la Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón. Pasaron revista a la reorganización de la Comunión Tradicionalista y señalaron los objetivos del futuro próximo.

Más de un centenar de amigos y correligionarios, jóvenes en su mayoría, llenaron las mesas del Hotel NH-Alberto Aguilera. Vimos a los sacerdotes Francisco Suárez, Juan María Montagut y Raúl Olazábal. Destacó la presencia de la profesora Alexandra Wilhelmsen, de la Universidad de Dallas, y de Miguel Navarro, de la Universidad Autónoma de Guadalajara. También se hallaban presentes –entre otros muchos– el jefe nacional de las J.T.E. Víctor Ibáñez, Lorena Serrano, María Cervera, Paula Gambra, al frente de sus hermanos, Ignasi Mora, Jaume Samit –en representación del portal L´Esclat digital–, los hermanos Jiménez París, Román García-Serrano, Rafael Echanove, Pablo Victoria y la familia Rizo. Igualmente vimos al historiador J. A. Gallego, el abogado Santiago Milans del Bosch, los profesores Andrés y José Miguel Gambra, el editor Luis Valiente y su mujer la profesora Consuelo Martínez-Sicluna, Francisco José Fernández de la Cigoña, Jaime Vives, María del Carmen Palomares, Javier Sáenz, Juan Cayón, José Díaz Nieva, José Joaquín Jerez, Antonio Sánchez, Gustavo Blanco o Javier Tarín.

A los postres, Luis L., presidente del Círculo Antonio Molle, tomó la palabra para presentar las actividades próximas del Círculo, así como a los oradores siguientes, Manuel de Santa Cruz y Miguel Ayuso. El primero, con lenguaje claro y directo, dijo que la fiesta de Cristo Rey es la fiesta de la confesionalidad católica del Estado, pues es el reinado social de Jesucristo y no un simple reinado espiritual el que evoca. En tal sentido recordó cómo en el siglo XIX el grito de realistas y carlistas era "Viva la Religión", que los cristeros mejicanos convirtieron en "Viva Cristo Rey", prolongado luego en la Cruzada española por los requetés. A continuación destacó algunos hitos de la historia religioso-política del carlismo para concluir que es preciso salir de la trampa católico-liberal de que las circunstancias impiden la implantación del Estado confesional. Miguel Ayuso, por su parte, aprovechó sus primeras palabras para homenajear a Manuel de Santa Cruz, quien –dijo– "siempre ha logrado desactivar todos los intentos en tal sentido de amigos y discípulos". Hoy, en cambio, siguió diciendo, "aprovecho que por razones institucionales soy el último en hablar, y por tanto él no puede hacerme callar, para decirle en nombre de todos que le vemos como el ejemplo viviente de caballero cristiano y carlista". Palabras que fueron rubricadas por un prolongado aplauso de la nutrida asistencia puesta en pie. A continuación señaló que pese a que superficialmente la fiesta de Cristo Rey pueda verse como un anacronismo político, eclesial e intelectual, la consideración profunda nos desvela unas razones que lejos de verse disminuidas con las "circunstancias" presentes, por el contrario se hallan reforzadas, sea porque –desde el ángulo político– se evidencia la necesidad de una invariable moral del orden político, lo que los inolvidables profesores Wilhelmsen y Rafael Gambra llamaron "ortodoxia pública" –recuerdo igualmente recibido entre ovaciones– como porque, ahora desde el ángulo religioso, el signo de la doctrina social de la Iglesia no ha sido otro que el de alzar una verdadera "contestación" cristiana del mundo moderno.

Así pues, con ambiente cordial y entusiasta, gracias a la Comunión Tradicionalista, y su reconstituido Círculo madrileño Antonio Molle Lazo, algunos de cuyos antiguos directivos se encontraban presentes, se ha contribuido a recuperar una tradición que milita en pro de la política católica, más de allá de los reclamos explícitos a "los católicos en la vida pública" y de las omisiones elusivas a las "raíces cristianas", en todo caso de idéntica matriz democristiana.